Savia, de Susana Esther Soba.

susana

A veces me parece que en vez de sangre roja,
me puebla verde savia.
Que los brazos flexibles que se extienden
son dos torneadas ramas.
Que este cuerpo que vibra sensitivo,
es un tallo ondulante que se alarga.
Que hasta el claro cabello tiene a veces
vaivenes de hojarasca.

Oh, la alegría cierta y rumorosa
de sentirme crecer como una planta.

El hombre que me quiera
sabrá de mi fragancia.

Huelo a flores silvestres,
a hiervas y a manzanas.

Tengo un sabor de fruta pintona y codiciada,
como si se me diera, jugosa y sin reservas,
la pulpa de las uvas redondas y doradas.

Las manos del que quiera
sabrán de mi substancia,
elástica y salvaje,
madura y perfumada.
Toda la primavera ruidosa y transparente
se llamará mi hermana.

Seré el más fuerte leño.
Mas cederé a su empuje como una débil rama.
Lo cercaré de trinos.
Lo rondaré de lianas.

Entonces, más que nunca,
¡que goce será el goce de florecer en savia!

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, de Julio Cortázar

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Alas y Azares, por Paulo Leminski

¿Volar con el ala herida?
Abran las alas cuando yo hablo.
¿Qué más hice en la vida?
Hice, poco,
cuando el tiempo
estaba todo de mi lado
y lo que se llama pasado, pasatiempo, pesadilla,
sólo existía en los libros.
Hice, después, dueño de mí,
cuando tuve que escoger entre un abismo,
el comienzo,
y esa historia sin fin.
Ala herida, ala herida,
mi espacio, mi héroe.
El ala arde.
Volar, eso no duele.

Tomás Müller

Tomi Müller, rosarino y de Argentina como el ChéTomás Müller nació en 1955 en Rosario y actualmente vive en España. Es artista plástico, escritor, poeta, historietista, guionista, ilustrador, diseñador gráfico y creativo publicitario. Se dedica en gran parte a la gráfica para adultos aunque sus estilos, materiales y temas son muy amplios y variados.

A continuación, algunas de sus obras.

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Bebiendo solo a la luz de la Luna, por Li-Tai-Po

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Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la Luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la Luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, Luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la Luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.